La luna se ha llevado entre sus pálidas luces,
mis sonrisas lozanas,
mi mirada cándida la de tardes fabulosas, crepusculares.
Intento reencontrarte forzando mi pensamiento, cegando mis ojos con mantos transparentes;
la contraseña hacia el arcoiris, a vagos reflejos de tus pisadas, las que recojo con frenético impulso, el impulso de no perderte,
pues tu perfume me conforta el corazón y atenúa la memoria antero-grada, los desvelos se acortan cuando a través de mi ventana veo tu mecedora que se balancea suavemente en el mundo de Morfeo, y entonces mi soledad no es tan precipitada, las manos, cianóticas, congeladas, temblorosas, se juntan rezándote un Padre Nuestro, Padre Mío!
Bajarás de tu trono lleno de Gloria, y me cubrirás en la noche con una oleada de tibia brisa que me refresque el alma en la madrugada, mientras sueño con verte, y me voy alejando de todo cuando tú te acercas con tu magnífica presencia; Me haces olvidar los desvaríos, subestimar los cafés y los chocolates, abandonar las partidas de Alekine, deshilar la melodía en la nota “sol”, tiro la toalla del cansancio y remojo solo mis labios en tu gran agua de vida que me extiende una nueva esperanza, me resucita de las faenas perdidas, de la vida que me vuelve pusilánime, y solo contemplo tu blanca sombra, me quedo quieta meditando tus palabras, y sonrío…..
martes, 3 de febrero de 2009
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