martes, 3 de febrero de 2009

El exilio de los sentidos...

La luna se ha llevado entre sus pálidas luces,
mis sonrisas lozanas,
mi mirada cándida la de tardes fabulosas, crepusculares.
Intento reencontrarte forzando mi pensamiento, cegando mis ojos con mantos transparentes;
la contraseña hacia el arcoiris, a vagos reflejos de tus pisadas, las que recojo con frenético impulso, el impulso de no perderte,
pues tu perfume me conforta el corazón y atenúa la memoria antero-grada, los desvelos se acortan cuando a través de mi ventana veo tu mecedora que se balancea suavemente en el mundo de Morfeo, y entonces mi soledad no es tan precipitada, las manos, cianóticas, congeladas, temblorosas, se juntan rezándote un Padre Nuestro, Padre Mío!
Bajarás de tu trono lleno de Gloria, y me cubrirás en la noche con una oleada de tibia brisa que me refresque el alma en la madrugada, mientras sueño con verte, y me voy alejando de todo cuando tú te acercas con tu magnífica presencia; Me haces olvidar los desvaríos, subestimar los cafés y los chocolates, abandonar las partidas de Alekine, deshilar la melodía en la nota “sol”, tiro la toalla del cansancio y remojo solo mis labios en tu gran agua de vida que me extiende una nueva esperanza, me resucita de las faenas perdidas, de la vida que me vuelve pusilánime, y solo contemplo tu blanca sombra, me quedo quieta meditando tus palabras, y sonrío…..

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