domingo, 4 de enero de 2009


ROSA BLANCA En la tarde, cuando se ahogan las voces, Cuando la iglesia da las seis, Cuando el ciego puede ver, las calles desoladas.

Y cuando el latir de la arandela Se reposa en el manto de la lluvia… Despierto los espejismos Yuxtapuestos de la memoria.

Siento apretando mi vientre los huesos de tus manos, El brillo de tu iris, fijado en mi pupila, El verde de tu cara, la esperanza…


Me trasmite tu energía, Oscuros haces mortecinos, Que penetran la inconciencia cristalizada, Aguárdame en tu regazo un nido acurrucado, Resérvame un rincón en tu sótano desolado,



Seguí la huella de tus pisadas enalbadas de tus cenizas, Que a blanco y negro se esfumaron con las decenas de abriles, Ríete otra vez con ese diente de oro inmortal, Que perdura en los pasteles de manzana, En los martes y jueves, En las noches tranquilas con tintes de verano.

En el resplandor del cielo, con amalgama celeste, descubrí tus días, Caminé por las veredas con olor a tabaco y naranja, Escuche lejanas risas apagadas,


Rescaté el hermetismo de tu voz descarnada, con tristes notas, réquiem, árbol deshojado, De ilusiones marchitas, de gusanos incrustados,


En el hoyo de tu tumba, deposité con ternura Una rosa blanca..

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